Sentada a la sombra de un árbol, tomando una taza de este licor dorado que reúne color, cuerpo, aroma y armonía entre mis manos, me he propuesto esta cruzada de llevarles el té de la mano del tiempo, de este ritual milenario, de esta taza de sabiduría , quizás este lujo posible

El té como viaje y como lenguaje, donde al descubrir las hebras, espontáneamente entre perfumes de especias, cítricos, dulces, humos y flores, uno se traslada y comienza este apacible viaje.

La planta que inspiró esta bebida milenaria no es otra que la Camellia Sinensis. Los jardines de té, como se denomina a estas plantaciones, son alfombras verdes, muchas veces montañosas donde mujeres, debido a sus pequeñas manos, seleccionan sus brotes más tiernos, las dos primeras de cada arbusto, para elaborar el mejor té.

En fin, esta bebida milenaria, segundo producto de mayor consumo en el mundo después del agua, y que a su vez, es simplemente agua saborizada, no quiere otra cosa que brindar un tiempo para disfrutar.

De mil maneras, con leche, limón, miel, caliente, frío, puros o blends. De distintas calidades, provenientes de variadas regiones y alturas. Algunos son apreciados en forma de hebras, bebidos con una previa ceremonia, otros en saquitos camino al trabajo. El té no conoce fronteras. Es parte de muchas culturas y en cada una tiene una connotación.

De eso se trata este ritual. Le proponemos elegir una linda taza, que sea bien finita, prender una hornalla y calentar el agua fresca, pura , hasta unos minutos antes del punto de ebullición. Templar la tetera, infusionar tres minutos, buscar buena música o sentarse frente a una ventana, quizás una chimenea y prepararse para disfrutar de esta compañía, este pequeño gran lujo.

Inés Berton
Tea Blender